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A BORGES
Llevabas el misterio entre los brazos,
Un padre eras acunando a su hijo
Mirarlo querías rectamente a los ojos:
Sabías que el ojo que es del tiempo
Sólo sombras contempla, infinitos espejos.
Sobre arcos y torres, con espadas girabas,
Abrazabas el símbolo, la noche de otros hombres.
Bailabas lentamente con tus grandes poetas,
No era sueño tu alma, era profundo anhelo.
Jugabas con héroes y con dioses
Adivinaste sus huellas en rosadas esquinas,
En los hombres, en seres que eran monstruos:
Así te bifurcaste en mil y un sendero, en jardines
Fuíste niño y guerrero, un Argonauta,
Viajero de tí mismo.
Innumerable y circular, los cónclaves sagrados recorrías,
Escuchabas el rodar inaudible de las runas,
Altas sacerdotisas merodeaban tu nombre
Y en boreales auroras cantaron tu destino.
Así, cuando por fin las sombras cancelaron tus ojos
Viste que eras un niño en brazos del Misterio:
Él te acunaba como un padre a su hijo
Y rectamente, Borges, te miraba a los ojos.
Febrero 13, 1998.
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